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jueves, 24 de marzo de 2011

Aula abierta: Universidad para mayores de 55 años.


Otra actividad que realizo es actuar como docente en el Aula abierta de Herrera.

Esto es una preciosa iniciativa que persigue que los mayores tengan acceso a unos conocimientos de diversos temas.

Los temas que se tratan son:
-Humanidades/ciencias sociales.
-Ciencias jurídicas/económicas.
-Ciencias de la tierra/medio ambiente.
-Ciencias tecnológicas.

Y el tema encargado a mí:

-Ciencias biosanitarias.

El Aula de Mayores es un programa financiado por la Consejería de Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía que se desarrolla en las universidades de la comunidad y en la colaboración con los ayuntamientos.

Es el segundo año que se realiza en Herrera, y se lleva a cabo bajo la administración de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla.

Hoy he dado mi segunda clase de las siete que me han encomendado.

Y he de reconocer que me parece una gozada.

Me estoy divirtiendo de lo lindo.

Abajo os dejo la pequeña charla sobre envejecimiento que he dado hoy.

Charla en la que los alumnos superaban con creces al docente.

Personas mayores de 55 años, sin necesidad de tener conocimientos previos, que deciden aprender porque sí.

Se convierten en universitarios y lo único que les mueve es ilusión por adquirir conocimientos.

Me encanta que corten mi argumentación, y cuenten sus anécdotas.

Son participativos y educados.

Un auténtico placer participar en este estupendo programa.

¡A ver si el docente está a la altura de sus alumnos!


domingo, 20 de marzo de 2011

Mi etapa de residente.


Debo estar haciéndome mayor.
Lo digo porque empiezo a contar batallitas.

Ayer nos reunimos en Ayamonte (Huelva) unos cuantos residentes.

Residentes de MFyC de la promoción 1998/2001 del Área Sanitaria de Osuna perteneciente a la Unidad Docente de MFyC de Sevilla.
¡Qué nombre más largo!.

Nosotros nos llamábamos simplemente los "resistentes".

Fue por motivo de la boda de una compañera de aquella promoción en su pueblo natal.
Y me alegró ver a algunas de las personas con las que compartí momentos importantes en esos tres años.

También reconozco que eché de menos a compañeros que por una causa u otra no pudieron asistir al evento.
Espero volver a verlos.

La etapa de residente ha sido fundamental en mi vida.
Personal y profesional.

Personalmente me emancipé.
Comencé a vivir solo, y a entender las dificultades que conlleva alejarse de tu grupo familiar.
Fue una decisión que tomé en su momento de forma meditada, y me hizo madurar.

No fue obligada.
Tenía puntuación suficiente en éxamen MIR para haberme quedado al lado de mi casa.
Pero era el momento justo para comenzar a volar.
De despegar las alas.
Y creo que salió bien.

Porque también conocí a mi mujer.
Y de la que, aún a día de hoy, me siento profundamente enamorado.

En cuanto a los compañeros "resistentes" les tengo mucho aprecio.
A algunos más y a otros menos.
Pero a todos les tengo aprecio.
Es normal, soy humano.

Y los aprecio, porque he vivido momentos muy intensos con ellos.

Llegas totalmente perdido a una isla.
Te tienes que hacer a ella.
Tienes que conseguir una adaptación a un medio inhóspito y totalmente desconocido.
Y la ayuda de los compañeros es fundamental.
Creas cosas juntos y es más facil la supervivencia.
Hasta que te conviertes, casi, en un lugareño.
Momentos que estás preparado, para crear tu propia isla.

Por tanto hubo un Gilbertman antes de su residencia, y otro después.

A nivel profesional también fueron grandes momentos.
De residente vives una nueva infancia.
Te conviertes en una esponja.
Absorbes conocimientos por todos los poros de tu cuerpo.

Los momentos mas duros suelen ser las guardias hospitalarias.
Porque te notas inseguro.
Porque hay estrés.
Porque, a veces, algunos "compañeros no residentes" no te ayudan.

Pero bueno, todo te hace madurar.
Porque te das cuenta quién merece la pena.
Y quién no.
Y hay muchísima más que se encuentran en el grupo de los que la merecen.

Un buen juicio se realiza pasado mucho tiempo.
Y en frío.
Y ahora puedo decir que no me arrepiento de haber escogido Osuna para formarme como especialista en Familia.

Mi más eterno agradecimiento a tod@s los que dedicaron al menos un minuto de su tiempo a hacerme entender la medicina.
Y a hacerme ver que estamos en continuo reciclaje.

Siempre hacia un mejor profesional.
Siempre hacia una mejor persona.

domingo, 13 de marzo de 2011

Malas noticias


Una de las funciones del médico de familia es dar malas noticias.
Me explicaré mejor, saber dar malas noticias.

En mi profesión, a veces te encuentras con que tienes que comunicar una noticia desagradable.

Estas noticias tienen una graduación en intensidad.

Desde una leve.
Como puede ser el padecimiento de una enfermedad crónica.

A una grave.
Como decirle a una madre que su hijo de 30 años ha fallecido.

Creanme si les digo, que en estas últimas se pasa mal.
Muy mal.

Pero es nuestro trabajo informar.
Y por supuesto, saber informar.

Debemos estar preparados para comunicar.
Y un médico residente debe aprender cómo hacerlo.
Como tutor es mi obligación que aprendan a dar malas noticias.

Si la noticia es fatal, debemos darla ante alguien que sea capaz de soportarla.
Es decir, cuidado con las patologías que padece quién recibe la noticia.
Si debe recibir una noticia mala un cardiópata, igual debemos postergarla.

Es necesario adecuar el tono y el timbre a la gravedad y a la severidad de la información que pretendemos comunicar.
Debe hacerse con tono sereno.
Con voz grave, pero firme.
Y por supuesto, empatizar.

Por empatizar, se entiende, ponerte en el lugar del otro.
A veces basta con decir "lo siento".
Y hacerlo desde una comunicación verbal y no verbal creíble.

Posteriormente vendrá la descarga de emociones.
Y ahí hay que dejar que ocurra.
Ni mandar a callar ni siquiera, a veces, conviene hablar.
Solo empatizar.

Y después cuando comience de nuevo a preguntar, contestar con respeto.
Intentar solucionar las numerosas dudas que se planteen.
Siempre con tacto.

Debemos darnos cuenta que la comunicación de la información es muy importante.

Pongamos el ejemplo de una muerte accidental.

La forma de decir la información es tan importante, que de ésto depende la salud futura de los familiares.
Es decir, dependiendo si la noticia esta bien o mal dicha, se puede crear un duelo patológico o no.

Tener un duelo muy grave y que permanezca mucho en el tiempo depende del proceso de la enfermedad.
Y de la forma en la que se le dio la noticia.

También es importante saber dar malas noticias, porque provoca calma.

Si se hace bien es más efectiva que cualquier benzodiazepina.

Y al estar más calmado, se buscan menos culpables.
Con lo cual hay menos demandas.

Porque hay que entender a los familiares.
Que se muera alguien es injusto.
Por tanto, si no se actua con respeto en la información, se puede focalizar hacia nosotros las demandas de justicia.

Y esto se puede evitar con un buen hacer en este tipo de entrevistas.

Reconozco que para mí es de las cosas más desagradables de mi profesión.
Es un momento que tengo que tragar saliva.
E ir pensando por adelantado lo que voy a decir a continuación.

De todas maneras a la larga crea vínculos fuertes.
Unos vínculos de confianza.
Entre un médico y sus pacientes.
Entre personas.