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jueves, 23 de junio de 2011

Una sonrisa....cura


Creo que necesito ya unas vacaciones.
Porque estoy sobrepasado.

Tengo demora, y por ahora no sé solucionarlo.
Mi directora y yo estamos en ello.
No preocuparse daremos con la clave.
Siempre pasa.

Este post de hoy tiene un objetivo.
Relajarme.
Para conseguir mantener una cierta distensión en mi consulta.

Sin estar relajado no disfruto.
Y si no lo hago, no realizo correctamente mi trabajo.

Porque cuando lo consigues te llegas a sentir útil.

Como en el caso siguiente.

Con gasto farmacéutico cero.
Ya que no he tenido que recetar ni un puñetero fármaco.

Una señora entró llorando.
Y salió riendo.

Suficiente.
Bastó un chiste.
Más que un chiste, una broma.

- No tengo la tarjeta sanitaria. ¿Te doy el D.N.I?
- No el D.N.I se lo das a la "poli" cuando salgas.

Simplemente eso, con el tono adecuado, fue curativo.

El tono.

¡Qué importante la forma cómo se dicen las cosas!.

Una cosa puede sentar bien o mal dependiendo del tono que utilices.
¡Y qué difícil mantenerlo empático cuando estás estresado!

Recuerdo otra anécdota, con otra señora.

Estaba realizando una derivación.
Mi residente estaba en el ordenador, y se me ocurrió dictarle lo que debía poner en el documento:
- Paciente de 50 años.....
A lo que la paciente respondió:
- ¡Qué pena!.
Rápidamente contesté:
- Pena, ¿por qué? .¿Por lo de paciente o por lo de 50 años?

Estuvimos un rato riéndonos.
Cuando terminó la derivación, tanto la paciente como nosotros, estábamos más relajados.

Por tanto una sonrisa cura.

Pero no solamente al paciente.
También cura al médico.

Le permite retomar el trabajo de nuevo.
Contento.
Sin mariposas en el estómago.

Estar de buen rollo, tiene estas ventajas.

Te hace disfrutar del trabajo.
Te hace gastar menos fármacos.
Consigue mayor satisfacción en los usuarios.
Si te equivocas los pacientes te lo toleran mejor.

Eso sí, te aumenta el cupo.
Y te provoca más trabajo.

Pero bueno he optado por la vía de intentar ser feliz en mi trabajo en la medida de lo posible.

No puedo dejar de ser quien soy.

¡Qué se le va a hacer!

jueves, 30 de septiembre de 2010

La muerte

Una de las labores de un médico de familia es intentar proporcionar una "buena muerte" a nuestros pacientes.

Creerme una actuación correcta en este sentido proporciona una tranquilidad importante tanto al paciente como a los familiares. Crea una relación emocional que hace agradable y útil nuestra profesión.

Para ello debemos estar bien formados desde el, punto de vista de la entrevista clínica. Un punto muy importante es saber escuchar, ser capaz de dejar expresarse a familiares y pacientes empatizando con ellos. Debemos abrir además, la posibilidad de contactar con el médico cuando deseen hacernos alguna pregunta u ocurra un empeoramiento del estado de salud de nuestros pacientes.

También por supuesto es necesario un adecuado conocimiento de los fármacos utilizados para dar una "buena muerte" al paciente, y una paciencia importante para poder explicar a los familiares la administración de los fármacos en caso de dolor en los diferentes estados del "proceso de bien morir".

Cuando sale bien es muy gratificante.

Pero he comprobado, en mi humilde opinión, que cada vez se entiende menos la muerte en nuestra sociedad actual.

La muerte es el final de un proceso, del proceso de la vida. Es inexorable. Llegará.

Yo le digo a los pacientes que me dicen que tienen miedo a morirse, que si quieren saber un secreto, se morirán seguro y yo también. Y todos los que vivimos.

A mí realmente no me da miedo morirme. Me da miedo que se mueran las personas que quiero.
Eso no quiere decir que no quiera estar vivo. Por supuesto que sí.
Espero disfrutar mucho de mi familia, amigos y mi profesión.

Mas la muerte se mira como algo incorrecto, falló la sanidad, un médico, alguien tuvo que hacer algo etc..

Es injusto, por supuesto que sí, que alguien muera joven.
Sea la causa que sea, no se lo merecerá seguro. Todavía será más difícil de aceptar si la muerte es brusca. En ese caso dejará un duelo en los familiares muy complicado de superar.

Pero no hay que buscar culpables. Casi nunca lo hay. No en la mayoría de los casos.

Y en los ancianos las cosas también se pueden complicar.

A veces familiares buscan de manera infructuosa seguir manteniendo con vida a una "persona" que prácticamente ha decidido irse de este mundo.
Se le intenta mantener con vida al precio que sea.

Los sanitarios debemos actuar sobre las familias haciendo ver que no se consigue nada alargando vidas sin vida, y que nunca serán culpables de acortarles esa electricidad interna que les permite seguir en el mundo.

Esto es más fácil si eres su médico de cabecera. Por eso solo cada paciente tiene uno.

Y es nuestra misión ganarnos su confianza.
Para así dar mejores muertes.
Para así ser más felices en nuestra profesión.

Tal vez algún día consigamos hablar de la muerte sin tabúes, seamos capaces de dejar por escrito cómo queremos morir, y poder hacerlo sin sufrimiento y con una sonrisa en la cara.

martes, 14 de septiembre de 2010

Felicidad


Desde el principio de los tiempos, el hombre se ha preguntado: ¿Qué es la felicidad?
En la Real Academia de la Lengua Española se define como "estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien".
Tendemos a decir, somos felices o no somos felices como un estado de equilibrio mantenido en el tiempo, relacionado con haber conseguido metas propuestas en la vida laboral y personal.

Pero la felicidad es algo mucho más complejo.

La felicidad es un estado de ánimo, como dice su definición. Por lo que yo me puedo encontrar feliz un rato, y al siguiente triste, manteniendo además mi equilibrio mental de forma perfecta.

Porque ya que hablamos, el equilibrio mental se determina no por lo que pensamos sino por lo que hablamos y/o actuamos.

Yo puedo pensar que soy Napoleón que si no lo digo ni lo manifiesto, ni actúo como tal, sigo siendo "normal".

Opinareis que no estaría entonces equilibrado ¿Y qué? No lo sabríais. El equilibrio mental depende de lo que los demás opinen de mí, y si no saben lo que pienso....

Volvamos al tema de la felicidad, es curioso que si uno mismo se plantea si es feliz en ese mismo momento deja de serlo.

¿Por qué? Porque todo es mejorable.

Si digo, yo soy feliz, ésto implica que no existe mayor felicidad de la que poseo.

¿Es eso posible?. Por supuesto que no.

Siempre es posible mayor felicidad, siempre podemos mejorar algo de nuestra vida laboral y personal. De tal manera que si alguien se lo pregunta a sí mismo, se contesta que definitivamente no lo es.

Pero vayamos a lo recíproco, cuando vemos a alguien con una vida que en general creemos mejor que la nuestra lo catalogamos de feliz.

Realmente lo que se realiza es una comparación, de sus logros con la percepción de los conseguidos por nosotros mismos y determinamos que dicha persona es feliz.

Otra equivocación por supuesto. Podemos decir que ha adquirido un mayor escalafón dentro de su vida socio-familiar de la que nosotros hemos logrado.

Pero solamente éso.


Realmente se es feliz cuando uno ríe o llora, pero no por tristeza.

Es decir cuando se nos cuenta un chiste gracioso (es difícil), o se encuentra un amigo de toda la vida que hace tiempo no sabemos de él, o nace un hijo y nos hace mucha ilusión o le dan una noticia importante e impactante que a uno le alegra mucho, durante esos momentos se le olvida de todo y sufre una explosión de emociones incontrolables.

Sí,es cierto, prácticamente un orgasmo.

Una vez que pasan esos instantes o si en ese transcurso de tiempo se plantea la persona en cuestión, si es feliz o no , deja de serlo automáticamente aunque él mismo se conteste que sí.

Es por eso que el ignorante es más feliz. No se plantea ni jamás lo hará este tipo de dudas, con lo cuál estará más cerca de la felicidad de lo que ni siquiera nosotros nos imaginamos.

Además la felicidad y la ignorancia son directamente proporcionales. Si pudiéramos hacerlos variables cuantitativas, determinaríamos que a mayor número de ignorancia mayor número de felicidad y viceversa.

Y preguntaréis porqué me planteo esta disertación filosófica.

Pues éso es motivo de otra historia, que hoy no me apetece contar.