Como siempre.
Aquí estamos otro año.
Otro mayo.
Despidiendo a los viejos residentes.
Dando la bienvenida a los nuevos.
He de reconocer que estos momentos siempre me provocan diferentes sensaciones.
Y mucho más este año.
Responsabilidad por servir de guía.
Curiosidad por saber quién será mi nuevo residente.
Miedo por no estar a la altura de esa responsabilidad.
Desasosiego ante la imposibilidad de ofrecerle lo que debiera ser una Especialidad encorsetada por las circunstancias.
Hartazgo que siempre sea una función voluntaria y poco valorada desde las altas instancias.
Motivación porque podamos estudiar juntos.
Envidia porque, posiblemente, tenga esa juventud que ya voy perdiendo.
Cabreo porque el mundo parece que se opone a que los médicos jóvenes tenga un hueco en él.
Cansancio de que, como a anteriores residentes, seguramente, también habrá que explicarle que es un residente de familia y la diferencia con otro hospitalario.
Tristeza si me tocara un MIR que ha llegado a la especialidad que profeso sin ganas de aprovechar sus cuatro años de residencia.
Deseo que disfrutemos juntos en la consulta cuando realice su rotación el el Centro de Salud.
Y sobre todo:
ILUSIÓN.
Como siempre.
¿Hay actualmente algún Médico de Atención Primaria en Andalucía que sepa trabajar con el ordenador desconectado?
Yo realmente creo que no.
Y lo creo, por varias razones.
Primera, sin el programa informático DIRAYA y la conexión a INTERNET no se pueden realizar numerosas gestiones que son propias de Atención Primaria.
No se pueden realizar los partes de Incapacidad Temporal (IT).
Ni realizar peticiones de análisis.
Tampoco realizar búsquedas de los resultados de las pruebas ya realizadas.
Menos, realizar derivaciones a especialistas hospitalarios.
Ni por supuesto realizar las recetas electrónicas de nuestros pacientes crónicos; es decir la receta XXI.
Prácticamente, no se puede hacer nada.
Cualquier tipo de gestión burocrática es totalmente inviable.
Segundo, el paciente no está acostumbrado a que falle el soporte informático.
Por tanto, no suele estar preparado.
Atrás quedaron aquellos pacientes provistos de cartones de medicamentos.
Esperan a que tú apoyándote en el monitor del futro sepas que les puedes prescribir y qué no.
Y cuando se bloquea la transmisión, todo se va al garete.
- ¿Qué tomaba usted?
- En el ordenador estaba....
- Ya, pero es que no funciona.
- Bueno, una blanca pequeñita para la tensión.....
Porras.
Imposible saber que tomaba.
E imposible saber si se producirán interacciones con la nueva medicación que debemos prescribir.
Y ésto es lo realmente grave.
Provocando una gran inseguridad ante una actuación médica por muy simple que sea.
Y no hablemos si encima hubiera una alergia medicamentosa.
Aunque éstas suelen estar mejor controladas por los pacientes.
Pero además, hay que sumar dos factores más:
Uno, el aumento del tiempo que inviertes en intentar arreglarlo.
Y el estrés que eso conlleva.
- Apago.
- Enciendo.
- Llamo al Servicio Técnico.
- Nada.
- Espere un momentito, a ver si ahora....
- Apago otra vez.
- Enciendo otra vez.
- Nada.... otra vez.
- Pues va a ser que hoy no es posible.
Dos, el cabreo del paciente.
- ¿Y qué tengo que pedir otra cita?.
- Vaya, después de esperar tanto....
Al final, te quedan dos opciones.
O decirle que no es culpa tuya.
Que coja otra cita.
Con lo que aumentas la lista de espera.
Y por supuesto, de manera colateral, el enfado de los usuarios.
O quedarte con el teléfono de los pacientes.
Y solucionarlo cuando se restablezca la conexión.
Esta última solución realmente es la más ética.
Ética en tanto en cuanto, el paciente no tiene culpa de los problemas informáticos.
Y aunque nosotros, los Médicos de Atención Primaria, tampoco, al menos trabajamos en la empresa que maneja el programa y la conexión que ha fallado.
Pero tomar esta decisión supone un gran esfuerzo.
Una carga más a nuestra ya sobrecargada chepa.
Esfuerzo que además muchas veces no parece que se valore.
Y que al final muchos compañeros no realizan, hartos de que tengan que resolver todos los problemas del sistema.
¿No podría haber algún tipo de solución para estas desconexiones?
¿Para poder trabajar, al menos, durante estos momentos?
Solo pido alguna base de datos a nivel local que se activara cuando fallara la conexión.
Y que nos permitiera seguir al menos con la demanda clínica.
Que pudiéramos saber como mínimo, los problemas médicos y la medicación que toman nuestros pacientes.
No sé si esto es viable.
No sé si ésto sería muy caro.
Pero es necesario.
Porque no hay nada más absurdo que un médico y un paciente sentados en una silla sin nada que decirse.
Y esperando a que funcione una máquina.
- Buenos díes, Carmen, ¿Por dónde va el "Gilbertman".
- Buenos díes, Rosario, acaba de entrar el de las 11 y cinco.
- Pos entonces me falta porque yo tengo a las 12.
- ¿Y que hace usted aquí tan temprano?
- Pos que he ido a que la Pilé me tome la tensión y yo no subo ya hasta el cerro.
- ¡Ah, claro!.
- ¿Tú que número tienes?.
- Yo las 12 menos veinte.
- Pos si no viene nadie, voy detrás tuya.
- Todavía es pronto.
- Ya...
- ¿Usted por qué viene?
- Yo por recetes, ¿y tú?
- A recoger una analítica.
- Ah...
- ¿Qué la traio, su hija?
- No, la Ramona, la hija de la Asun la panadera, que tenía que ir al Mercadona.
- Eso, porque desde ahí arriba....
- Yo, hija con las rodilles no puedo.
- Mi madre está igual que usted.
- Sí, mira como las tengo....
- Uh.. Pues aproveche ahora y se lo dice usted al Gilbertman.
- Pos sí que se lo voy a decir porque con las pastillas que hierven no se me quita.
- Mi madre toma unas capsulas rojas y, oye es tomarla y se pone la mar de buena.
- Sí, pero esa ya las he probao y a mí no me hacen ná.
- Pos que le mande otras. Pero aproveche la cita porque la cosa está faté.
- Sí, yo la cogí la semana pasá.
- Pos como yo...
- Es que con esto de la crisis...
- Con la de médicos que hay en el paro... ¿Se ha enterao que van a tener que pagar las medicines?.
- Eso he escuchao.
- Yo no sé a dónde vamos a llegar.
- Pos a mí no sé de dónde me van a sacar el dinero.
- Ya, ¿y su yerno encontró trabajo?.
- Que vá, hija. Esperando que la Loli entre en la campaña del mantecao.
- ¿Y que hace mientras tanto?.
- Pos qué va a hacer, Carmen. Pos tos comiendo en mi casa.
- Ozú, ozú.
- Eso digo yo.
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- ¡Buenos días!
- Buenas.
- Buenos díes. ¿Que número tiene usted?
- Yo tengo a las 12 menos cuarto.
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- Pos lo que te iba diciendo, que la cosa está mu mala, y cómo me hagan pagar las medicines yo no sé lo que voy a hacer..
- Mi hermano Manolo está como su Loli. Es que no hay trabajo pa nadie. Mi marío sigue en la carpintería, pero no le sale ná de trabajo...
- Ozú, ozú.
- Veremos a ver ésto por dónde sale. El Manolo está de nervioso...
- Normé, a ver que va a hacer el hombre.
- Está faté. El otro día le tuvieron hasta que pinchar por Urgencias.
- Si es que esto no se pue aguanté.... De la Pilé vengo que me ha dicho que tengo la tensión por las nubes.
- Normé si es que tiene usted muchas coses encima.
- Si que es verdad, hija. Se lo tendré que decir al Gilbertman también. Yo le echo la culpa a la de oriné. Que es que no me está haciendo ná. A ver si me la cambia.
- Digáselo que se las cambie, que tiene usted la tensión mu alta.
- Ya, y tú ¿por que te has hecho una analítica?. ¿Estás mala?.
- No. El colesterol. Que lo tengo mu alto.
- Ah. Pos cuídate hija, qué eres mu joven.
- No,ya estoy tomando un yogur de ésos que baja el colesterol.
- Sí esos son muy buenos. A Antonia, la de Rafalito el carnicero lo tenía mu alto como tú, y fue tomarse una docena y ponérsele normé. Yo también lo hice, pero a mí tampoco me sirvió. Es que a mí no me hace nada ninguna medicine y el Gilbertman me tuvo que mandar una pastilla del colesterol por la noche.
- A ver qué me dice el Gilbertman, porque yo pastillas no me tomo.
- Pos si fueras como yo... Nueve pastillas me tomo yo.
- Pos yo eso no lo aguantaba.
- Y que voy a hacer... Cuatro por la mañana; la de la tensión, la del azúcar grande, la que hierve y el protector, la chiquita pa orinar, el sintrom por la tarde, y por la noche otra del azúcar, la que hierve y la del colesterol. Nueve.
- Ozú, Ozú.
- Asín que como me hagan pagar las medicines no se qué va a ser de mí.
- Seguro que ellos no las pagan.
- Eso es seguro...
- Pos me voy a ir levantando porque después ya voy yo.
- Ea, yo me queo sentá, aunque después cualquiera me levanta.
- Se levanta cuando le toque, y si no puede yo le ayudo. Y no se preocupe que ya le acerco yo a su casa. Que la espero.
- Pos muchas gracias. No sabes lo que te lo agradezco. Tengo las rodilles faté. Bueno y ahora me dices cuando salgas que te ha dicho de lo de tu colesterol y me cuentas de tu madre, que no te he preguntao.
- Ea, pos ahora sigo hablando con usted que me toca....