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martes, 1 de abril de 2014

La última visita domiciliaria a Don José.

 
 
 
Entré en la casa.
Estaba abierta.
Supuse que estaban dentro.
 
Amaneció aquel día con un carácter plomizo.
Los rayos de un sol perezoso intentaban fluir a través de una cortina de nubes.
 
Era aún temprano.
No hacía mucho que había comenzado mi jornada laboral.
Una jornada laboral de un día cualquiera.
 
Momentos antes había recibido la llamada proveniente de ese hogar.
 
- ¡Venga rápido! ¡Qué mi padre no responde!
 
Habitualmente estos servicios los hace el equipo de Urgencias en mi centro.
Sin embargo, a Don José le gustaba que fuera siempre yo quien le atendiera.
Aún a riesgo de tener, en ocasiones, que esperar más.
 
Doña María, su señora, compartía esta preferencia.
Por tener ante cualquier problema médico mi atención.
Y, hoy, por supuesto no iban a producirse cambios al respecto.
 
Caminé con mi maletín los escasos 10 metros que separan la puerta exterior del dormitorio.
Una vez allí, éste se abría a la derecha.
Mis piernas ya conocían ese domicilio y se movían firmes sin vacilar.
Hasta ahora nunca había llegado tan adentro sin tener que llegar a saludar a nadie.
 
Doña María se encontraba a la derecha de Don José con la mirada absorta.
Su hija, nerviosa, se movía por la izquierda de una cama que gobernaba de forma imperial un inmenso dormitorio.
 
- Le iba a dar un vaso de leche cuando.....
 
Me dirigí a Don José.
Descansaba plácidamente en su lecho.
 
Rápidamente me di cuenta.
 
Sus ojos ya no buscaban el exterior.
La respiración, otros días tan barroca, era ahora pacíficamente silenciosa.
 
Extraje el fonendoscopio y una pequeña linterna de mi maletín que lo había depositado en una mesita de noche llena de pastillas.
Me dispuse a confirmar lo que para mí era obvio.
 
Sin darme cuenta, mis pensamientos viajaron.
 
Recordé aquellos agradecimientos de Don José cuando los visitaba ante sus frecuentes catarros.
Recordé sus ganas de pasear calle arriba y calle abajo.
Y como Doña María me instaba a que se los prohibiera porque el tiempo todavía era frío.
Recordé como le gustaba hacer un poco de ejercicio pedaleando.
Y recordé el deterioro físico que había tenido esas últimas semanas y que le habías prostrado en la cama.
 
Confirmada la muerte de este gran hombre levanté la mirada.
 
Doña María ya no se encontraba allí.
Seguramente se había marchado a otra estancia del hogar.
Busqué, entonces, a su hija.
 
- Lo siento. Don José.... ha fallecido.
 
Durante un corto rato mi silencio fue compensado por un desgarrador llanto que salía de lo más profundo de su interior.
Al momento, de forma suave, el sonido cesó.
De forma atropellada, con palabras entrecortadas, pudo expresar su mayor preocupación ahora.
 
 - ¿Puedo pedirle un favor? ¿Se lo dice usted a mi madre?
 
Asentí.
 
Me dirigí ahora a su sala de estar.
Allí solía ver Don José la televisión.
La ponía por ponerla, comentaba él.
 
Doña María se encontraba sentada en una silla.
Justo enfrente de la mesa central.
Su expresión denotaba la transcendencia del momento.
 
- Está muy mal, ¿verdad?
 
Entonces, le cogí su mano derecha.
Me tomé mi tiempo.
E intenté que mis palabras expresaran lo que quería decir en un tono dulce.
 
- Doña María, Don José ha fallecido. Lo siento de corazón.
 
Un suspiro ahogado.
Dos lágrimas.
Una por ojo.
 
- Estaba ya fatal. ¿Cómo lo cuidé?
- No se puede cuidar mejor a un hombre.
- Muchas gracias, por todo lo que hizo por mi marido.
- Era simplemente mi trabajo.
 
Solté suavemente su mano.
A la vez que entraba su hija.
 
Me retiré sin hacer ruido.
Y me despedí desde la distancia.
 
Era aún temprano.
No hace mucho que había comenzado mi jornada laboral.
Una jornada laboral de un día diferente.

 



viernes, 29 de noviembre de 2013

Mi Independencia.

Extraída de Bicicleta.es

Entereza.
Firmeza de carácter.

Para poder mantener un criterio.
Para poder cambiarlo.

Con argumentos sólidos. 
O con argumentos líquidos.
  
Sin influencias externas nocivas.
Manteniendo muy lejos el dinero.

Con libertad.
Sin cadenas.

Para poder decir que sí.
Para poder decir que no.

Con capacidad decisoria.

Para poder expresarse.
Para poder callarse.
Para poder escuchar.
Para poder dejar de escuchar.
Para poder dejar de callarse.
Para poder dejar de expresarse.

Sin miedo.
Sin tener que comerse el tarro.
Sin deber nada a cambio.
Sin necesidad.
Sin que te aprieten el cuello.

Mirando a los ojos.
Cara a cara.
De tú a tú.
De frente.
De pie.

Para quedarse.
Para irse.
Para no ir.

Y vestirse por los pies.
O desvestirse por la cabeza.

Para realizar mi trabajo.
Para escribir mi blog.

Desde mi humilde trinchera.
Desde mi humilde consulta.
Desde mi humilde ordenador.

sábado, 26 de octubre de 2013

La relatividad del tiempo. La consistencia de las personas.

Extraído de Amigos Católicos.

Esta madrugada se vuelve a la cambiar la hora.
Otra vez.
Con lo cual el Domingo 27 de Octubre disfrutará de 25 horas.
Y no de 24 horas como debiera ser lo habitual.
Durante este día escucharemos las chorradas de siempre.

Que esta modificación de horario nos irrita. 
Nos entristece.
Nos vuelve apáticos.
Y nos dan consejos para evitar este problema.

Tonterías.

Más nos entristece y nos irrita el no tener trabajo.
Y no hace nadie nada al respecto.

Hemos relativizado la concepción del tiempo.
Dándole el valor que queramos.
En función de lo que nos interese.

Podemos hacer lo mismo en otras materias.
En cualquiera.

Un ejemplo seria la Sanidad Pública.

Aquí también se relativiza el tiempo.
Pero en este caso, en sentido inverso.

Es decir, el objetivo es mantener el mismo tiempo de trabajo.
Y, en cambio, introducir más actividades.
En ese mismo intervalo.

Esto es lo que se realiza en la Atención Primaria del Sistema Sanitario Público de Andalucía.

Imaginemos que se produce un aumento de la demora de asistencia a nuestros Pacientes.
Ésto pudiera ser porque aumentara el número de Ciudadanos enfermos.
O porque aumentara el número de Médicos de Atención Primaria enfermos.
Para el caso es igual.

Pues fácil solución.
Se relativiza el tiempo.

Dos opciones.
O se aumenta la agenda de Demanda Clínica.
Con mayor número de Pacientes en el mismo intervalo de tiempo.

O se añaden éstos a una agenda paralela nombrada como urgentes y/o no demorables teniéndose que intercalar con los que estaban previamente citados.
¡Y Santas Pascuas!

¿Con estas medidas consiguen los gestores el objetivo de dar total accesibilidad a la población a Atención Primaria a coste cero?

Por supuesto que sí.

Cuadran las gráficas de demora.
Y los gastos.

Sin embargo, estas opciones mantenidas en el tiempo producen problemas.

Porque el médico que asume más trabajo en menor tiempo se termina quemando.

Provocando problemas económicos de gestión a la persona que las fomenta.

Eso sí, a largo plazo.
Que a corto no se nota tanto.

Dejándose influenciar mucho por la ley de oferta y demanda en cuanto a solicitudes de contratos laborales.

Que hay mucha demanda laboral, pues se achucha más a los Médicos.
Que no, pues se achucha menos.

Y porque se provoca una disminución de la satisfacción de los Pacientes al servicio que les ofrecemos.

Ya que deben ser atendidos en un menor intervalo de tiempo.
Provocando un mayor estrés por parte del Médico.
Sobre todo al que pretende cumplir el horario de la agenda.

Y esta alteración de la relación Médico-Paciente la hace más conflictiva.
Provocando enfados y cabreos.

Sin embargo pocas de estas disputas trascienden a altas esferas.

Porque ya se sabe, el Usuario se queja en la misma consulta.
Concretamente al Médico de trinchera que poco puede hacer.

En cambio, casi ningun Ciudadano, se queja mediante los modelos de reclamación que existen al respecto.

Realmente porque nadie se queja de nada.
De ninguna cosa.

Donde debe hacerlo.

Porque hablar, hablamos mucho.
  
Mucho lirili y poco lerele.

Yo he optado por intentar resolver el problema de mis Pacientes.
Y dedicarle el tiempo que crea que se merezca cada uno.

Independientemente de lo que me marquen las agendas.

Dedicándole a cada uno lo que corresponda.

Ni un minuto de más.
Pero ni un minuto de menos.
Sin intentar mirar el reloj.

Porque se podrá relativizar el tiempo.

Pero no me prodrán relativizar a mí.
Y mucho menos a mis Pacientes.

sábado, 10 de noviembre de 2012

El círculo vicioso de la relación entre especialistas de primaria y hospitalaria.


Extraído de El Supositorio.

Que las relaciones de los Médicos Especialistas Hospitalarios y de los Médicos Especialistas de Atención Primaria nunca ha sido buena es un hecho.

Para empezar, he de decir es que médicos buenos hay en los dos lados.

Así como médicos malos.

No es exclusivo de ninguno de los ámbitos.

Pero tal como lo veo, existe un relato cronológico que configura una distinción claramente asimétrica.

Igual no soy muy objetivo.

Pero es mi vivencia.

Y la voy a exponer con vuestro permiso.

Como le digo a mis pacientes cuando me dicen que no saben por dónde empezar, comencemos por el principio.

Recuerdo cuando decidí ser Médico de Familia en la licenciatura, y se lo comuniqué a uno de mis amigos de entonces.

Calculo que estaría en quinto.

Su reacción fue la siguiente.

- ¿Y lo vas a elegir así? ¿Sin ni siquiera repetir otra vez el MIR? ¿Y te vas a conformar con "éso"? Tú puedes conseguir "algo mejor".

Primer problema.

Muchos estudiantes asocian mi especialidad a médicos que no pueden alcanzar el nivel de otra especialidad.

Evidentemente esto es totalmente erróneo.

Y quiero decir que no solo no me conformo, si no que me siento muy orgulloso de lo que soy.

Solo un Médico de Familia.

Creo necesario que desde la Universidad se actúe concienzudamente para evitar el desprestigio de mi profesión.

Y eso se consigue igualándola en el pregrado a la de otras especialidades.

Por ejemplo, dándole la categoría de asignatura Troncal.

Por tanto, ya desde la licenciatura muchos compañeros hospitalarios han adquirido prejuicios.

Piensan que no somos suficientemente capaces.

Que somos médicos de segunda división.

Y que somos incapaces de abordar problemas complejos.

Y ese es otro error.

Básicamente, porque los problemas que nosotros solventamos son muy diferentes a los suyos.

Porque nuestras profesiones son distintas.

Bueno, nos vamos haciendo mayores y ahora somos residentes.

Unos de Especialidades Hospitalarias y otros de Medicina Familiar y Comunitaria.

Pues bien, si ya de por sí el estudiante tiene prejuicios, no digamos los Médicos Internos Residentes (MIR).

Ya que la formación de unos y otros son completamente diferentes.

Tanto en lugar como en contenido.

Porque los de Familia tienen que realizar una rotación hospitalaria muy larga.

Alrededor de dos años pasando por los diferentes servicios hospitalarios.

En cambio, los de otras especialidades o no pasan por los Centros de Salud o lo hacen de forma testimonial.

Y esto significa que desconocen qué hacemos.

Cuánto trabajamos.

Y con qué problemas nos encontramos.

Además se le da al residente la imagen que nuestra especialidad no es para nada importante en el devenir de su futura profesión.

Y éso no es en absoluto recíproco.

Porque los Médicos de Familia sí sabemos cómo se trabaja en el Hospital.

Y lo que hacen los especialistas hospitalarios.

Cuáles son sus problemas.

Y cuáles sus virtudes.

Que son muchas, por supuesto.

Una visión más cercana de los residentes hospitalarios de cómo trabajamos en el Centro de Salud, estoy convencido, mejoraría la percepción sesgada que tienen algunos de la Atención Primaria.

Y éso se haría mediante una rotación obligatoria y evaluable.

Pero ahí no queda la cosa.

Nos hacemos adultos.

Y nos convertimos en especialistas.

Y tenemos que trabajar codo con codo Atención Especializada (AE) con Atención Primaria (AP).

Eso sí, con mucho aire de por medio.

Porque nos reunimos poco.

Y solo de vez en cuando se crean comisiones para abordar un problema de forma integral.

Aunque allí, casi siempre, ponen a la cabeza al especialista hospitalario de turno.

Sea o no el más capacitado para la jefatura.

Y éste suele decir a todos lo que tenemos que hacer.

Incluido a nosotros.

Nos dicen como trabajar en nuestra casa.

Sin saber si es posible la realización.

Por falta de recursos humanos o materiales.

Como comprenderéis estos procesos van abocados al fracaso.

Y lo que más me irrita.

En estas comisiones se suele decidir que los Médicos Especialistas de Atención Primaria realicen unas determinadas tareas.

Y da la casualidad que son tareas que los especialistas hospitalarios no quieren hacer.

Están hartos de ellas.

Por ser muy pesadas o muy repetitivas.

Y que rápidamente asumimos dentro de nuestra especialidad.

Con una defensa cuanto menos extraña de nuestras Sociedades Científicas y de las Unidades Docentes de Medicina Familiar y Comunitaria.

Total, que al final se las pasan a Atención Primaria.

Por supuesto con la connivencia de nuestros Gerentes y Políticos.

Que se cansan de decir lo importante que somos pero que a la hora de la verdad siempre barren para casa.

Tanto a nivel presupuestario.

Como de un intangible.

Lo emocional.

El no reconocimiento.

Siempre para el Hospital.

Con lo cual en la Facultad, la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria es poco apetecible.

Y cerramos el circulo vicioso.

sábado, 28 de abril de 2012

Conversaciones de la crisis en la sala de espera

Extraído de carteling.com


- Buenos díes, Carmen, ¿Por dónde va el "Gilbertman".


- Buenos díes, Rosario, acaba de entrar el de las 11 y cinco.


- Pos entonces me falta porque yo tengo a las 12.


- ¿Y que hace usted aquí tan temprano?


- Pos que he ido a que la Pilé me tome la tensión y yo no subo ya hasta el cerro.


- ¡Ah, claro!.


- ¿Tú que número tienes?.


- Yo las 12 menos veinte.


- Pos si no viene nadie, voy detrás tuya.


- Todavía es pronto.


- Ya...


- ¿Usted por qué viene?


- Yo por recetes, ¿y tú?


- A recoger una analítica.


- Ah...


- ¿Qué la traio, su hija?


- No, la Ramona, la hija de la Asun la panadera, que tenía que ir al Mercadona.


- Eso, porque desde ahí arriba....


- Yo, hija con las rodilles no puedo.


- Mi madre está igual que usted.


- Sí, mira como las tengo....


- Uh.. Pues aproveche ahora y se lo dice usted al Gilbertman.


- Pos sí que se lo voy a decir porque con las pastillas que hierven no se me quita.


- Mi madre toma unas capsulas rojas y, oye es tomarla y se pone la mar de buena.


- Sí, pero esa ya las he probao y a mí no me hacen ná. 


- Pos que le mande otras. Pero aproveche la cita porque la cosa está faté.


- Sí, yo la cogí la semana pasá.


- Pos como yo...


- Es que con esto de la crisis...


- Con la de médicos que hay en el paro... ¿Se ha enterao que van a tener que pagar las medicines?.


- Eso he escuchao.


- Yo no sé a dónde vamos a llegar.


- Pos a mí no sé de dónde me van a sacar el dinero.


- Ya, ¿y su yerno encontró trabajo?.


- Que vá, hija. Esperando que la Loli entre en la campaña del mantecao.


- ¿Y que hace mientras tanto?.


- Pos qué va a hacer, Carmen. Pos tos comiendo en mi casa.


- Ozú, ozú.


- Eso digo yo.






.........................................................................................................
- ¡Buenos días!
- Buenas.
- Buenos díes. ¿Que número tiene usted?
- Yo tengo a las 12 menos cuarto.
.........................................................................................................








- Pos lo que te iba diciendo, que la cosa está mu mala, y cómo me hagan pagar las medicines yo no sé lo que voy a hacer..


- Mi hermano Manolo está como su Loli. Es que no hay trabajo pa nadie. Mi marío sigue en la carpintería, pero no le sale ná de trabajo...


- Ozú, ozú.


- Veremos a ver ésto por dónde sale. El Manolo está de nervioso...


- Normé, a ver que va a hacer el hombre.


- Está faté. El otro día le tuvieron hasta que pinchar por Urgencias.


- Si es que esto no se pue aguanté.... De la Pilé vengo que me ha dicho que tengo la tensión por las nubes.


- Normé si es que tiene usted muchas coses encima.


- Si que es verdad, hija. Se lo tendré que decir al Gilbertman también. Yo le echo  la culpa a la de oriné. Que es que no me está haciendo ná. A ver si me la cambia.


- Digáselo que se las cambie, que tiene usted la tensión mu alta.


Ya, y tú ¿por que te has hecho una analítica?. ¿Estás mala?.


- No. El colesterol. Que lo tengo mu alto.


- Ah. Pos cuídate hija, qué eres mu joven.


- No,ya estoy tomando un yogur de ésos que baja el colesterol.


- Sí esos son muy buenos. A Antonia, la de Rafalito el carnicero lo tenía mu alto como tú, y fue tomarse una docena y ponérsele normé.  Yo también lo hice, pero a mí tampoco me sirvió. Es que a mí no me hace nada ninguna medicine y el Gilbertman me tuvo que mandar una pastilla del colesterol por la noche.


- A ver qué me dice el Gilbertman, porque yo pastillas no me tomo.


- Pos si fueras como yo... Nueve pastillas me tomo yo.


- Pos yo eso no lo aguantaba.


- Y que voy a hacer... Cuatro por la mañana; la de la tensión, la del azúcar grande, la que hierve y el protector, la chiquita pa orinar, el sintrom por la tarde, y por la noche otra del azúcar, la que hierve y la del colesterol. Nueve.


- Ozú, Ozú.


- Asín que como me hagan pagar las medicines no se qué va a ser de mí.


- Seguro que ellos no las pagan.


- Eso es seguro...


- Pos me voy a ir levantando porque después ya voy yo.


- Ea, yo me queo sentá, aunque después cualquiera me levanta.


- Se levanta cuando le toque, y si no puede yo le ayudo. Y no se preocupe que ya le acerco yo a su casa. Que la espero.


- Pos muchas gracias. No sabes lo que te lo agradezco. Tengo las rodilles faté. Bueno y ahora me dices cuando salgas que te ha dicho de lo de tu colesterol y me cuentas de tu madre, que no te he preguntao.


- Ea, pos ahora sigo hablando con usted que me toca....

miércoles, 1 de febrero de 2012

Preguntando a "médicos de trinchera" sobre DIRAYA.

Imagen extraída del orientablog.


Ayer asistí a una jornada de trabajo para el proyecto "Barreras y facilitadores para el uso del sistema de ayuda a la prescripción del programa DIRAYA" perteneciente a la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP).


Estaba citado junto con varios compañeros de Sevilla y Córdoba, todos Médicos de Familia y trabajadores del Servicio Andaluz de Salud (SAS), para debatir sobre nuestra opinión sobre esas señales de alerta que aparecen cuando prescribimos medicamentos que provocan interacciones.


Según nos comentó la trabajadora de la EASP que se debe encargar de realizar el informe de la sesión, iban a haber hasta ocho reuniones de este tipo en toda Andalucía.


En principio, me parece una medida acertada que se pregunte a clínicos sobre una herramienta para la prescripción.
Que se pregunte al que la usa todos los días.


De allí salieron ideas magníficas y creativas de mejora del módulo de interacciones.
Y es que me parecieron todas las opiniones muy válidas e interesantes.


Daros cuenta, que casi todos nos enfrentamos a un programa que nos martiriza día sí y día también.


Sin entrar en detalles, parece que coincidimos los clínicos en las mismas propuestas de mejoras.
Con lo cual debe ser que hay que mejorarlo.


Lo que ya no sé, es si esta interacción con "médicos de trinchera" servirá de algo.


Desconozco si se han producido anteriormente reuniones de este tipo, para la mejora de DIRAYA, y si supusieron cambios que hayan mejorado nuestra Historia Clínica Electrónica.


De todas maneras, de haberse producido, no hemos sido informados.
Por lo menos yo nunca me he enterado.


El motivo de este artículo es que al menos los compañeros sepan que ha habido una reunión en la que hemos hablado de mejoras del módulo de interacciones de DIRAYA.


Nada más y nada menos.


Creo que el feed-back con los médicos de familia del Sistema Sanitario Público Andaluz (SSPA) es la manera de conseguir que poco a poco una herramienta fría, calculadora y lenta se transforme en algo que sea más como somos nosotros.


Es decir, resolutiva.


Aún así nunca perder el norte.


Siempre será una herramienta.
El médico deberá tener unos conocimientos que le permitan discernir la adecuación en cada momento independientemente de las indicaciones que aparezcan en las pantallas de su ordenador.


Aprovecho ahora para decir que me parece demencial que haya una historia clínica electrónica para cada comunidad autónoma.


Se hizo mal desde un principio.
Y es lo que digo yo, que si se hubieran preguntado a los clínicos cómo se debería haber hecho, quizás hubiera sido todo más simple.


Pero esto es lo de siempre.


Veremos a ver si sirve la reunión.
Como he asistido, ya os diré si lo que hablamos ayer tiene trascendencia real.


Tiempo al tiempo.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

¿Violencia en el entorno familiar? No, las cosas por su nombre.





El nombre es  "violencia de género".






Hoy ha vuelto a ocurrir.

Han vuelto a matar a una mujer.

Otra vez un machista.

Otra vez lo que se llama violencia de género.

Aquí en mi Área Sanitaria de Osuna.


¡Que no leche!

Que no es violencia en el entorno familiar.

¡Si no eran ya ni familia!

Retroceso social.

Las definiciones son importantes.

Es la muerte de una mujer por el hecho de ser mujer.
Por ser del sexo contrario.

¡Que tendrá éso que ver con la familia!

No tienes derecho a rehacer tu vida.
No tienes derecho alguno.
Me perteneces.
Y tu vida también me pertenece.
Y por eso te la arrebato.

Y el entorno familiar me importa una mierda.
Porque puedo hacer contigo lo que me de la gana.

Van 60 vidas.

¿Cuándo se acabará esta lacra?
¿Qué debe pasar para que las defendamos también con las palabras?

Ni un paso a retroceder.
Ni siquiera para coger impulso.

Grita si te amenazan.
Busca la manera de comunicarte con alguien que te oriente.
Que te asesore.
Desde el principio.
Desde que determina "que no vales para nada".

Habla con tu Médic@ de familia o tu Enfermer@ de tu problema.

Si piensas que una mujer se puede ver en una situación parecida denúncialo.

Llama al 900-200-999.

Te queremos escuchar.

No dejes que te quiten la vida.
Te pertenece.
A ti sola.
Ni siquiera al entorno familiar.

domingo, 13 de noviembre de 2011

INTERNET y Salud: ¿De verdad estamos aquí por los pacientes?


Se me plantean muchas dudas cada vez que me pongo a leer a algunos compañeros que escriben en INTERNET sobre salud.


¿Realmente lo hacen para los pacientes?
¿Realmente lo hacen para los profesionales?


Es que a veces se leen cosas difíciles de entender para la población general.
Si se supone que es para la gente corriente, éstos deberían entender lo escrito.
Debería estar en un lenguaje comprensible.


¡Vamos digo yo!.


Otras veces, los artículos lo único que persiguen es el retweet, o el comentario interesante posterior.


El regodeo personal.


Y lo que es más triste, la asistencia al congreso de tal o cual "xxxx 2.0" y la comida posterior con el laboratorio organizador de turno.


Convertirse en la chorrada que llaman gurú.


Ser referencia especulativa.


Dedicarse a dar charlas y a ganar dinero con ellas.


Y digo yo, ¿no es esto un proyecto colaborativo?.
¿De participación?.




Es verdad que hay profesionales más expertos que otros.


Pero al final, todos debemos aprender en colaboración.


Veréis, yo siempre lo he dicho.


Me gusta ser médico de familia.
Y no pretendo ser otra cosa.


Por tanto, puedo escribir lo que se me apetezca.
Sin temor a bajar en el escalafón de los que manejan el cotarro 2.0.


Estamos aquí para aprender.
Para escuchar.


Para hablar de medicina.
Para que la gente participe de la salud.


Y no para convertirnos en una nueva profesión.


Internauta Sanitario Profesional (ISP).