Es un creative commons

jueves, 3 de octubre de 2013

Hartazgo de los cambios informáticos en Atención Primaria.

Extraído de Niño Indigo.

Realmente empiezo a estar muy harto.

Harto-1 de que no me explican casi nunca para qué sirven los cambios informáticos que hacen.

Harto-2 de que cuando comienzo a manejar con soltura un programa lo modifiquen y/o cambien.

Harto-3 de que no se me informe previamente de los cambios que se van a producir.

Harto-4 de que habitualmente no expliquen cómo poder utilizar el nuevo software que han instalado.

Harto-5 de que no coexistan el antiguo y el nuevo programa informático para ir familiarizándome poco a poco con él.

Harto-6 de que se realicen los cambios habitualmente cuando más tareas burocráticas realizo, es decir por las mañanas.

Harto-7 de que no se suela preguntar nuestra opinión sobre estas modificaciones a los que somos usuarios habitualmente, es decir a los compañeros que trabajamos en Atención Primaria.

Harto-8 de que tenga que marearme, con el paciente delante, para solucionar el problema por el que éste consulta.

Harto-9 de poner siempre buena cara ante estos problemas porque, por supuesto, el paciente no tiene culpa ninguna.

Harto-10 de ir muy retrasado en consulta por culpa de tener que aprender sobre la marcha mediante la táctica ensayo-error.

Harto-11 de que cuando aprenda y adquiera velocidad en el uso de la nueva aplicación informática, me la volverán a cambiar, otra vez. Enlaza a harto-2.


Fin de la cita.

sábado, 21 de septiembre de 2013

La enfermedad carcelera.


Imagen extraída de CEAFA.

Ahí estás dentro.

En la prisión de tu propio cuerpo.

Relegado a un rincón del cerebro.

De vez en cuando, sales de la celda.
Luchando contra los barrotes neuronales que te imponen.

Saludas.

Disfrutamos de ti.
Disfrutas de nosotros.

Un rato.
No puede ser más tiempo.

Porque has de volver a tu sitio.
A tu lugar.
Otra vez a tu rincón.
Porque el carcelero solo te deja estar en el patio unos instantes.

Cada vez sales menos.
Y menos todavía que saldrás.
Eso dice el guardián de la puerta.

Tu cuidadora no se cansa.
Nunca.
Ella no.

Te visita incansable día a día.
Noche a noche.

A ver si apareces otra vez.
Sin perder nunca la esperanza.

Intérprete de tus actos.

Enemigo público número uno de una enfermedad carcelaria.
De una enfermedad que pretende olvidarte.

Que pretende que te olvides.
De ella.
También.

Y a la que te resistes.

Porque la quieres.
Porque te quiere.

Y siempre será así.

Diga lo que diga el cancerbero.

Y diga lo que diga el personal externo de seguridad.
Las raíces carcelarias infiltradas en la sociedad.
Los que evitan que preso y cuidadora se vean más.

La erradicación de ese grupo contaminante debería ser nuestra misión.
La misión de todos.

¿Queremos hacerlo?

jueves, 12 de septiembre de 2013

Las enfermas silenciosas de la campaña del mantecado estepeño.

Mantecadera Estepa
Extraído de Flickr: José Báez Caraballo.  

Como sabéis trabajo en Estepa.
En su Centro de Salud.

Es curioso como cambia la vida de este pueblo a partir de Septiembre.
Y hasta mediados de Diciembre.

Olor a almendra tostada.
A canela.
A postres recién hechos.

Durante todo el día.
Por dónde quiera que vayas.
Sea el cerro o la parte baja del municipio.

Dibujos de fragancia difuminada.
Por un humo suave.
Que se agarra a las fosas nasales.
Y que estimula los paladares más complejos y delicados.

Niños que comienzan su curso escolar.
Ilusionados como en todos los inicios.

Acompañados por sus abuelos.
O por la parte masculina de sus progenitores.

Que tuvieron un empleo.
Y que ya no lo tienen.

Unos porque ya trabajaron bastante.
Otros porque, aunque quieran, no pueden hacerlo.
Piezas indispensables de la cohesión familiar en estas fechas.

Mujeres desaparecidas.
Trabajando de sol a sol.
O incluso de luna a sol, si es menester.

Durmiendo cuando se puede.
A un ritmo insoportable.

Ocho, diez, doce horas.
Según el turno que les impongan la empresa mantecadera.

De pie.
Sin moverse de su puesto.

En contraposición de manos y dedos.
En contraposición de muñecas, codos y hombros.
E incluso de los movimientos de la columna cervical.

Con una rapidez de movimientos tal, que casi no se ven.
Como las alas de un colibrí.

A la velocidad fría y constante qe marca una cinta de una cadena de producción.
Que nunca se cansa.


Dolores en definitiva.

Secundarios a la repetición de los movimientos articulares.
Con intervalos muy cortos de descanso.

Piernas doloridas.
Aumentando y provocando síntomas de insuficiencia venosa crónica. 

Secundarios a la imposibilidad de movilizar los miembros inferiores.
De una pequeña baldosa.

Con la imposibilidad manifiesta de consultar estos problemas a sus Médicos de Cabecera.

Teniendo que realizarlo a los Servicios de Urgencias.
Y poder parchear el dolor como se pueda.
Y así volver a realizar su oficio el turno siguiente.
De la manera que sea.

Porque no procede baja laboral en estos momentos.
Durante la campaña del mantecado.

Si no, ¿quién sostendría económicamente la familia?
¿Quién lo hará la próxima campaña?

Durante estas fechas en Estepa a las enfermas no se les oyen.
Pero están ahí.

Son las enfermas silenciosas.