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sábado, 21 de septiembre de 2013

La enfermedad carcelera.


Imagen extraída de CEAFA.

Ahí estás dentro.

En la prisión de tu propio cuerpo.

Relegado a un rincón del cerebro.

De vez en cuando, sales de la celda.
Luchando contra los barrotes neuronales que te imponen.

Saludas.

Disfrutamos de ti.
Disfrutas de nosotros.

Un rato.
No puede ser más tiempo.

Porque has de volver a tu sitio.
A tu lugar.
Otra vez a tu rincón.
Porque el carcelero solo te deja estar en el patio unos instantes.

Cada vez sales menos.
Y menos todavía que saldrás.
Eso dice el guardián de la puerta.

Tu cuidadora no se cansa.
Nunca.
Ella no.

Te visita incansable día a día.
Noche a noche.

A ver si apareces otra vez.
Sin perder nunca la esperanza.

Intérprete de tus actos.

Enemigo público número uno de una enfermedad carcelaria.
De una enfermedad que pretende olvidarte.

Que pretende que te olvides.
De ella.
También.

Y a la que te resistes.

Porque la quieres.
Porque te quiere.

Y siempre será así.

Diga lo que diga el cancerbero.

Y diga lo que diga el personal externo de seguridad.
Las raíces carcelarias infiltradas en la sociedad.
Los que evitan que preso y cuidadora se vean más.

La erradicación de ese grupo contaminante debería ser nuestra misión.
La misión de todos.

¿Queremos hacerlo?

miércoles, 17 de abril de 2013

La excelencia hecha persona. La cuidadora principal.



Hoy va de cuidadoras principales.

La cuidadora principal es aquella persona que asume la responsabilidad en la atención, apoyo y cuidados diarios de cualquier tipo de enfermo.

Además, es quien acompaña la mayor parte del tiempo a la persona enferma.

Desde el punto práctico del Médico de Familia básicamente es mi interlocutora.

Me dice si ha comido hoy.
Si ha bebido. 
Si se ha levantado.
Si está triste.
Si ha ido al servicio como es su costumbre.

Me lo dice todo de la persona a la que cuida.
Con cariño.

La persona cuidada, en la mayoría de los casos, no es para ella un paciente.

Es su madre.
Es su padre.
En definitiva, su familia.

Y que, aparte de éso, está enfermo.

Y digo ella porque suelen ser mujeres.
Abnegadas.
Luchadoras.
Sacrificadas.

Remuneradas con su propia conciencia.
Dependientes del amor que sienten.
Doloroso muchas veces por la no correspondencia en la esfera de lo tangible.  

Agotadas.
Pero sin protestar nunca.

Al pie del cañón cuando se precisa.
Siempre de guardia.

Parte oculta de un iceberg de patologías.

Normal.

Labor del médico de familia encontrarlas.
Y prevenirlas.

Mi más profunda admiración ante ellas.

Por estar ahí siempre.
Por dar calidad de vida a sus familiares.
Por quemar una parte de su vida para iluminar otra.

Ahora más que nunca.
Que disminuyen las ayudas.
Que nadie se acuerda de ellas.

Y otra cosa, familiares lejanos.
Personas no cuidadoras.

Estas personas nunca fallan.
Su criterio siempre es el mejor.

Ustedes no viven noche y día con el enfermo.
No saben como se van deteriorando.
Desconocen lo difícil que ha sido que el paciente tome su medicación.

Por tanto, confíen en ellas.
En todo lo que digan.

Y no quieran arreglar lo imposible.
En un rato.

Y lo más importante, jamás les hagan sentir culpables.

Se han roto en mil pedazos mil veces al menos.
Todo por esas personas a las que vosotros también amáis.

Pero a la que le dedicáis sólo un momento.
A la que dedicáis un sólo punto en todo el universo.

Y lo que es más triste.
Que vosotros os iréis.
Y ella seguirá ahí.
Hasta el final.

Hoy quiero romper una lanza.

Por aquellas que luchan sin esperar nada a cambio.
Por unas personas excelentes siempre al servicio de la sociedad.

Las cuidadoras principales.

martes, 31 de mayo de 2011

Para las cuidadoras.


Hoy es el Día Mundial Sin Tabaco.

Por eso precisamente hoy, voy a hablar de otra cosa.

Porque otro día que nadie comente este tema, recordaré lo importante que es dejar de fumar.
Un blog debe acordarse de actividades preventivas cuando en los medios de comunicación no aparecen como noticias.
Cuando no les presten atención.
Cuando dejen de ser portadas.

Por eso, hoy me apetece hablar de las personas cuidadoras.

Son en un 85% mujeres.
Se encargan de cuidar a personas dependientes.
La mayoría, pacientes mayores.
Familiares en casi todos los casos.

Pacientes que requieren un esfuerzo físico importante.
Una energía que las cuidadoras sacan de dónde no hay.

Requieren aseos diarios.
Teniendo que pelearse con ellos para suministrárselos.

A veces, incluso varias veces al día.

Esto es particularmente duro, en personas incontinentes.

Requieren levantarlos de la cama para que se sienten un rato.
Y que puedan ver la luz del sol.

Requieren darles de comer, hidratarlos, y administrarles su medicación.

Requieren estar sin dormir muchas horas.
Porque el sueño de las población cuidadora, no tiene porqué coincidir con los de la persona cuidada.

No es de extrañar que consulten por dolores múltiples.

¿Habéis probado levantar a pulso de una cama 80 ó 90 kgs varias veces al día?

Pero siendo duro, lo más doloroso es el esfuerzo psíquico que conlleva cuidar a un ser querido dependiente.

Pierden capacidad económica.
No ganan dinero.

Porque trabajar sí trabajan.

Económicamente la familia se resiente.

Con lo que los conflictos de pareja se suelen acentuar.

Pierden prestigio social.

Se sienten menos valoradas.

Nadie les agradece su trabajo.

Que además tienen que realizar porque les toca hacerlo.
Porque tienen que hacerlo.
Porque son "sus familiares".

Dejan de tener tiempo para ellas.
Para cuidarse de sí mismas.

No pueden salir porque hay que estar pendientes permanentemente de ellos.

Y si encima se produce algún error, o simplemente enferman, se sienten culpables.

Suelen ser juzgados por personas que no mueven ni un dedo en ayudarlas.
Visitas de fin de semana.
Familiares de segunda.


Y por si fuera poco, a veces las personas cuidadas ni reconocen sus méritos.
O lo que es peor, ni las identifican.
No saben si la persona que la cuida, es sus hija o la tendera de la esquina.

Muchas veces se preguntan que porqué tienen que cuidarlos.
Y siempre se responden lo mismo.
Porque su amor, ya no correspondido, es ilimitado.
Sin tapujos.
Sin esperar beneficio.

Al final las cuidadoras, sufren una anulación total, desde el punto de vista psíquico.
A lo que se le une, un agotamiento físico.

Hoy es el día mundial sin tabaco.

Pero mi recuerdo es para todas las cuidadoras.
Por ser como son.
Por la labor que hacen.
Porque sin su labor, las vidas de sus familiares serían insostenibles.
Porque se entregan de forma desinteresada.

Muchas gracias.